El CV sigue siendo una herramienta importante en cualquier proceso de reclutamiento, pero no cuenta toda la historia. Muestra formación, experiencia y trayectorias, pero rara vez refleja cómo una persona trabaja en el día a día, cómo toma decisiones o cómo se relaciona con otras personas dentro de un equipo.
Muchas de las cualidades que realmente marcan un buen desempeño no aparecen en un currículum. La forma en que alguien enfrenta un problema, su actitud frente al aprendizaje, su nivel de compromiso o la manera en que asume responsabilidades suelen descubrirse solo cuando se mira más allá del papel.
Por eso, identificar talento alineado a la cultura organizacional implica ir más profundo. No se trata únicamente de evaluar títulos o años de experiencia, sino de observar comportamientos, escuchar con atención y hacer las preguntas correctas. Entender cómo una persona reacciona ante el cambio, cómo colabora con otros o qué la motiva permite anticipar qué tan bien se integrará al equipo y a los valores de la empresa.
Cuando el proceso de reclutamiento pone foco en esta alineación cultural, las decisiones se vuelven más acertadas. El talento no solo cumple con su rol, sino que conecta con la forma de trabajar de la organización, se siente parte del equipo y aporta desde un lugar más genuino.
A largo plazo, esta alineación se traduce en mejores resultados. El desempeño fluye con mayor naturalidad, la relación laboral es más sana y la permanencia del talento es más sostenible. Porque contratar bien no es solo encontrar a alguien capaz, sino a alguien que pueda crecer, aportar y quedarse en coherencia con la cultura de la empresa.
